Bajo Belgrano, Origen y Entrañas del Arrabal, el Tango y los Caballos

Galopes, gritos, asado y tango en medio del fango. La historia de arrabal de Barrio River.

Bajo Belgrano, Origen y Entrañas del Arrabal, el Tango y los Caballos

Galopes, gritos, asado y tango en medio del fango. La historia de arrabal de Barrio River.

N

os vendieron gato por liebre? Es posible que la memoria colectiva se haya quedado con lo romántico y nostálgico, en vez de reconocerle al barrio de Belgrano su origen arrabalero, hípico y tanguero?

El tango Bajo Belgrano, escrito en 1926 por Francisco García Jiménez, musicalizado por Anselmo Aieta e interpretado por Gardel y tantos otros, nos pinta una imagen que es difícil de adjudicar al hoy tan paqueto barrio River: el patio de los studs, el peoncito que le habla al pingo, los gritos de la venta de programas, y la cancha repleta de aficionados vitoreando a sus preferidos.

Hombres bailando tango en la orilla del río.
Hombres bailando tango en la orilla del río.

No hace falta más que escuchar un tango para imaginarnos al riachuelo, el sur, el humo, puchos, un whiskey, un desamor, los barcos de Quinquela Martín, y algún alma en pena. A llorar se va al sur. A jugar, arriba. Otras pasiones, otros vicios. Pero aunque le han dedicado varios tangos a la parte más deseada de Santa María de los Buenos Ayres, tanguero de pura cepa honra su norte: “Los domingos tenés reunidos, frente a la cancha gritando el nombre de tus cien pingos, los veinte barrios de la ciudad”.

Los aficionados que perdían todo, tenían sólo el pasaje de vuelta en el tranvía, que los dejaba en La Pampa y la vía, a la buena de Dios. He aquí el dicho popular.

La calle Blandengues donde se asoma la morochita linda de la canción, es la actual avenida del Libertador que va desde el túnel de Libertador hasta la General Paz. Estaba tan desolada y descampada aquella “Pampa de juventud”, que lo único que tenían los apostadores para llegar al Hipódromo era un tranvía que costaba 10 centavos ida y vuelta. Iba desde La Pampa y el ferrocarril (Barrancas), hasta la entrada del Hipódromo Nacional en Congreso y Libertador, y terminaba en Iberá y Blandengues (Libertador). Aquellos aficionados que perdían todo, tenían aunque sea el pasaje de regreso, he aquí el dicho “Pampa y la vía”.

En este paraíso de ludópatas, aficionados, ricos y pobres confluían, adictos a una pasión, guiados por el sudor de los equinos, el grito de los corredores de apuestas, la chicharra, el ruido del galope, la sangre caliente. Una vez pasada la pampa, volverían a separarse: ricos o pobres, sabios o ignorantes. Sólo los extremos de aquella misteriosa mujer los volverían a mezclar, en sus formas más carnales o viscerales. Tango de por medio.

En la Belgrano de los años previos a la gran crisis, era en las Barrancas donde empezaba la zona residencial, las enormes casonas de personajes ilustres, donde hacía no muchos años, se había instalado el gobierno federal, con sede en el actual Museo Sarmiento, y una vez federalizada la ciudad de Buenos Aires, gozó por poco tiempo del esplendor de ser capital de la misma.

Carlos Gardel y su caballo “Lunático”, quien con la monta del legendario Irineo Leguisamo ganó carreras en Palermo y La Plata.
Carlos Gardel y su caballo “Lunático”, quien con la monta del legendario Irineo Leguisamo ganó carreras en Palermo y La Plata.

La calle Victorino de la Plaza mantiene la forma ovalada lo que antes fue la cancha del Hipódromo Nacional.

Pero además de las putas en el sur, y los pingos en el norte, había algo más que movía a estos hombres: “Turban las violas en El Lucero, se hizo la fija del parejero, y están de asado, baile y cantor”, reza la maravillosa letra de aquella melodía. Y sigue: “Mientras pierde la vida un tango, que el ronco fueye rezonga, se alza la cifra de una milonga”.

Es acá cuando se unen los hombres de ayer y de hoy, con el asado, el baile y la música. Sin distinciones sociales. Sin importar de dónde vienen ni cómo se vuelven. Es el buen comer, la música y la buena compañía lo que nos calienta el corazón, nos hace olvidar las apuestas perdidas, los desamores, las penas. Es compartir, lo que “las ilusiones prendiendo va”.

Bajo de Belgrano, "Puente del Aburrido" sobre el arroyo Vega a la altura de la calle Artilleros y Blanco Encalada, año 1911.
Bajo de Belgrano, "Puente del Aburrido" sobre el arroyo Vega a la altura de la calle Artilleros y Blanco Encalada, año 1911.

Hoy, la cancha de River, ubicada en el lado sur del ex Hipódromo Nacional, cambió jockeys por la roja y blanca, los caballos por la pelota, los corredores de apuestas por la hinchada, pero lo que los une sigue siendo la misma pasión, no sólo por el deporte. Sino por la compañía. El ritual del asado previo o posterior al partido, los amigos, la alegría de estar juntos, de bancarnos en las buenas y en las malas. Y en éstas, bancarnos aún más. Pasan los años, y las orillas del mismo río han visto a este barrio cambiar mucho. Y no cambiar nada.

Aquella zona pantanosa de épocas atrás, al inundarse se llenaba de juncos que luego eran recogidos por los junqueros, éstos se los vendían a los quinteros para que aten sus verduras. Era apenas habitable. Hace poco más de media década que se pudo echar al río, que las casas de esta porción de Belgrano se sienten cada vez más parte. Pero todos estos años pagando el derecho de piso, hizo que cada vez sean menos los memoriosos de sienes plateadas que recuerdan aquel entrañable barrio al que le hace honor el tango.

Sin embargo, allí sigue inmutable la calle ovalada calle Victorino de la Plaza, negada a cambiar de forma, para que recordemos su pasado como cancha de turf.

Y es así como una infusión que era usada en el s.V a.c. por los pueblos originarios de América del Sur, es hoy venerada por culturas de lo más remotas, y lejos de caducar, sigue expandiéndose al latido de las migraciones. Podemos pensar que es su gusto el que lo hace único, o la forma en que se sirve, pero me inclino a creer que es la conexión y los recuerdos que se generan con el mate lo que hace que sea difícil de desprenderse y hoy en día, donde haya un argentino, un uruguayo, un sirio o un libanés, allí estará la pava caliente para reconfortar el cuerpo y el alma, estén en su pueblo natal o en algún lugar lejano y hostil.

Colaboración por María de la Paz Arias. Paz estudió Relaciones Internacionales en la Universidad Di Tella y disfruta escribir sobre asuntos del Medio Oriente y Asia, y procesos judiciales en países desarrollados y en vías de desarrollo. 

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